ENTRADA 4 RIESGO DE LA INVERSION

ENTRADA 4 (continuación del riesgo de la inversión)
Veamos un ejemplo comparando dos empresas:
a)        Una empresa que tiene unos grandes gastos fijos, que permanecen parecidos independientemente de las ventas
Año 1       Ventas: 100 millones            Gastos: 80 millones              Beneficio Neto: 20 millones
Año 2       Ventas: 90 millones               Gastos: 80 millones              Beneficio Neto: 10 millones
Observamos que con una caída del 10% de las ventas (de 100 a 90), el beneficio neto ha caído un 50% (de 20 a 10). Diez millones menos de beneficios es mucho dinero.
b)       Si por el contrario los gastos de la empresa son variables, y guardan una proporción constante con las ventas, el efecto en los beneficios es mucho menos impactante:
Año 1       Ventas: 100 millones            Gastos: 80% de ventas = 80 millones  Beneficio Neto: 20 millones
Año 2       Ventas: 90 millones               Gastos: 80% de ventas = 72 millones  Beneficio Neto: 18 millones
En este segundo caso, vemos que la caída de 10% en ventas se traduce en una caída del 20% (2 millones) en beneficios (no del 50% como en el ejemplo anterior). Evidentemente el riesgo del beneficio ante una caída de ventas para la empresa es mucho menor en el caso en el que los gastos son variables y se ajustan al nivel de ventas logrado. En el caso anterior, los gastos fijos tienen mucho peso.
Caso “a” Gastos: 80M            Beneficio Neto: 10M porque la carga de gastos fijos pesa mucho
Observamos que con una caída del 10% de las ventas (de 100M a 90M), el beneficio neto ha caído un 50% (de 20M a 10M).
Caso “b” Si la mayoría de los gastos de la empresa son variables, y guardan una proporción constante con las ventas, el efecto en los beneficios es mucho menos impactante:
Año 1       Ventas: 100M         Gastos: 80% de ventas = 80M              Beneficio Neto: 20M
Año 2       Ventas: 90M           Gastos: 80% de ventas = 72M              Beneficio Neto: 18M
Evidentemente el riesgo del beneficio ante una caída de ventas para la empresa es mucho menor en el caso en el que los gastos son variables y se ajustan al nivel de ventas logrado.
Esta dinámica de apalancamiento de la cuenta de pérdidas y ganancias funciona también en sentido contrario. Cuando una empresa es capaz de generar muchas más ventas sin incrementar los gastos, el beneficio se multiplica muy rápido.
Entender mejor la cuenta de pérdidas y ganancias de una empresa nos puede ayudar a formar expectativas razonables de cómo puede evolucionar el beneficio de una empresa en el largo plazo, y con ello su cotización en los mercados. A la hora de invertir en una empresa para el largo plazo, saber la volatilidad a los que pueden estar expuestos los beneficios de la empresa nos ayudará a entender las posibles fluctuaciones temporales y buscar el mejor momento del ciclo de la empresa para invertir.
Más adelante veremos que hemos de observar en los resultados de una empresa, añadiendo unos conceptos de contabilidad, para poder formar expectativas razonables y también buscar el mejor momento del ciclo de la empresa para invertir.


1.3.10.       Perfil del inversor.
El inversor suele observar los movimientos del mercado continuamente, pero la información a corto plazo no siempre refleja lo que sucederá en el largo plazo.
El perfil del inversor puede ser de aversión al riesgo, pero también puede tener perfil arriesgado. No porque se arriesgue debe ser necesariamente un “descerebrado”, sino que puede que tenga la capacidad de ahorro, patrimonio e ingresos que le permitan ciertas licencias sin consecuencias graves para su caso particular.
Si estamos asesorando a un cliente, debemos recabar información como para ser buenos consejeros. Seamos conscientes que no es lo mismo el riesgo para una ancianita viuda que vive de una pensión, que para una persona con ahorros suficientes para vivir tranquilo el resto de sus días y que disfruta en el Casino, aunque pierda mucho dinero.
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Independientemente de cómo se autodefina el cliente, debemos recordar la ética profesional y dar los consejos adecuados a quienes los necesitan con más evidencia, y dar libertad a quienes deseen arriesgar, pero advirtiéndoles de dichos riesgos.
Dicho esto, es el inversor quien tiene que estudiarse a sí mismo y ver que no debe llegar a lo que “Vicente Hernández “, llama el nivel de insomnio. Y es el nivel de pérdidas y ganancias que puede asumir sin perder el sueño.

Si es nervioso o impaciente no debería invertir en bolsa, por ejemplo.

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