ENTRADA 3 PERFIL DEL INVERSOR

ENTRADA 3
1.3.6.       Fiscalidad
En muchas ocasiones se realizan inversiones financieras por las ventajas fiscales.
Cualquier inversión tiene implicaciones fiscales, que en general podemos conocer de antemano. No como la rentabilidad que podemos esperar sin certidumbre. Es decir, podemos saber cuándo pagaremos a la Agencia Tributaria por las plusvalías y afortunadamente, existen formas jurídicas para incentivar la inversión profesional a largo plazo (ej. Fondos de inversión), pero la rentabilidad futura de una inversión será una aproximación - un dato desconocido.
Hay ventajas fiscales en los planes de pensiones y si se decide invertir en acciones, bonos, depósitos, etc. las ganancias obtenidas, tributarán en el IRPF como rentas del ahorro.
El cuadro de la escala de tipos imponibles a las rentas del ahorro para 2017 es:
Base imponible                 2017
Hasta 6.000 €                    19%
6.000-50.000€                    21%
Mas de 50.000                   23%
Estas ventajas dependen de las características familiares y nivel de renta, por un lado, pero también según el tipo de inversión (depósitos, activos de renta fija, derivados, fondos, seguros, planes de pensiones, etc.).
De esto se tratará más adelante en un capítulo posterior.
1.3.7.       Periodicidad de los rendimientos. Expectativas de rentabilidad
Las distintas inversiones llevan aparejadas condiciones diferentes. A cualquier inversor le gustaría recibir mucha rentabilidad en un plazo mínimo, pero las expectativas de rentabilidad han de ser también razonables.
Los distintos productos financieros deben llevar aparejado un contrato, que, aunque no sea costumbre para la mayoría, debemos leer siempre. Estos contratos recogen muchas cláusulas que en ocasiones pueden ser beneficiosas pero otras veces pueden ser el motivo de entrar en una complicada situación.
Algunos productos llevan unas bonificaciones periódicas y otros no. De hecho, algunos no se pueden recuperar hasta que se produce un siniestro o se llega a la edad de jubilación. En otros casos, como en la venta de viviendas, ya hemos visto como las expectativas pueden ser mucho peores de lo que inicialmente nos hizo creer el mercado.
Podemos intentar reducir los costes de las inversiones (comisiones o impuestos), pero los resultados siempre van a estar vinculados a la rentabilidad que a su vez estará vinculada a un futuro incierto. No obstante, basándose en experiencias y estadísticas se puede tener una aproximación del comportamiento que obtendrá. Por ejemplo, a la hora de decidir si invertir en renta variable o renta fija (en los últimos 30 años ha sido más rentable la renta fija).
La rentabilidad de las inversiones puede ser puntual o también mensual, trimestral, anual, etc., Además, dependiendo del tipo de inversión: cobro de un depósito a plazo fijo, cobro de un plan de pensiones, intereses o bonificaciones que nos ofrezca una cuenta, dividendos que recibamos de acciones y muchos otros. Cada producto tiene sus características y la periodicidad de los rendimientos habrá que observarla en las condiciones contractuales, y posteriormente en los resultados obtenidos.
Además, a la hora de hablar de rentabilidad, no podemos por menos que relacionarla con la necesidad de liquidez y con el nivel de riesgo.

1.3.8.       La liquidez
La liquidez que ofrece un producto de inversión es de muchísima importancia, y en cambio, no es algo en lo que se suele reparar.
Si nos ponemos a pensarlo con calma, es evidente que el momento en que queremos recuperar nuestras inversiones es por algún motivo concreto que en el pasado no podíamos predecir. Y como pasa con todo, no nos damos cuenta de lo importante es lo que tenemos, hasta que nos falta.
Podemos tener un coche, una casa y un seguro o un fondo de inversión. Eso tiene un valor, por supuesto. Pero si cuando tenemos que asumir un pago no tenemos comprador para la casa o el coche, o si rescatar esos productos nos implica una gran penalización, nos podemos encontrar inmersos en graves problemas, por la falta de previsión nuevamente. Además, la rentabilidad esperada para la inversión puede haberse convertido en una pérdida.
Invertir en activos líquidos nos permite disponer del dinero en el momento que lo necesitemos. Por tanto, el consejo sería leer bien las condiciones del contrato, y ver cuidadosamente la necesidad de liquidez que podamos tener según la capacidad de ahorro e inversión, antes de tomar una decisión de este tipo - tanto para nosotros como para nuestros asesorados.

1.3.9.       El riesgo de la inversión.
La palabra riesgo en sí misma nos pone alerta. Mucha gente no invierte en Bolsa o en activos de uno u otro tipo porque se autodefinen como personas a las que no las gusta correr riesgos, o que son prudentes, o que tienen aversión al riesgo, o cualquier otro adjetivo.
El ser humano tiene instinto de supervivencia y una tendencia a proteger lo suyo, aprendida de la misma historia. El riesgo, no solo puede afectarnos a nosotros, sino que puede arrastrar al resto de nuestra familia, a nuestra empresa o a nuestros clientes. Y ponernos en situaciones que nadie querría verse.
Es importante saber el nivel de riesgo que se puede correr, en tiempo y cantidad. No hay ninguna necesidad de que le demostremos a nadie lo valientes que somos, y menos siendo conscientes de que podemos arrastrar a inocentes por el camino. Es preferible ser cerebral y medir los riesgos antes de dar pasos definitivos.
Muchas veces escuchamos que para obtener mayor rentabilidad en activos financieros hay que correr más riesgos.  Lo que ocurre realmente es, que los activos con más volatilidad y variabilidad, también tienen más potencial de mayores ganancias. Podrían obtenerse mayores ganancias, pero también hay mayor riesgo de que no sea así.
Si compramos acciones de una determinada empresa, nos convertimos en sus propietarios junto con el resto de accionistas, con lo cual, si la empresa gana nosotros también, pero si pierde también perdemos nosotros. Puede que percibamos dividendos de la compañía, pero puede ser también que no veamos el momento de vender las acciones porque están siempre por debajo del precio que las compramos y en el cambio saldríamos perdiendo.
Antes de adquirir acciones se suele mirar a la cuenta de resultados de la empresa, donde refleja los beneficios obtenidos en el último ejercicio económico. Y esto suele alentar a la compra de acciones en caso de beneficios o desincentivar esa adquisición, en caso de que hayan tenido pérdidas.
Una de las formas más conocidas de valorarlo es el PER. Relaciona el precio que pagamos por las acciones con el beneficio que ha generado la empresa por acción. En ocasiones se usa el beneficio generado y en otras el esperado según las expectativas de los analistas. Pero se ha de tener en cuenta, que los beneficios obtenidos anteriormente no tienen por qué obtenerse en adelante, a menos que se trate de una empresa sólida y con beneficios mantenidos en el tiempo.

Además de observar la cuenta de Pérdidas y Ganancias, o el Balance de Situación, habrá que observar el volumen de gastos fijos y variables que posee y como se relaciona con las ventas. Si los gastos son en general muy fijos, en el momento que haya una gran variación en las ventas, los cambios serán más bruscos. Por el contrario, si hay gastos flexibles mayoritariamente, serán menos notables los cambios en el beneficio neto de la empresa.
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