Malas prácticas bancarias
Las malas
prácticas bancarias son el conjunto de acciones que llevan a cabo las entidades
financieras en la relación con sus clientes que no están dentro de los
estándares de transparencia, debida diligencia y correcto suministro de la
información y que llevan consigo un incumplimiento de la regulación.
Para llevar a cabo un
control de las prácticas de los bancos , la Unión Europea propuso una normativa financiera mencionada MIFID (Markets
in Financial Instruments Directive) con la finalidad de
proteger al inversor realizando un test de idoneidad en base a su perfil de
riesgo, mejorar la información suministrada, y realizar una correcta evaluación
de su cultura financiera así como de su grado de aversión
al riesgo.
La implantación de MIFID II (en vigor desde enero), se creó con
condiciones más estrictas enfocadas a la transparencia en la valoración de los productos
financieros, así como en sus precios,
gracias a la existencia de cámaras de compensación centrales y a la reforma del
mercado de valores con referencias de registro único conocidas como RCCs.
Consideración de malas prácticas
bancarias
Se
consideran malas prácticas bancarias las siguientes:
- Abuso de la
posición dominante de mercado.
- Información
incorrecta de tarifas y comisiones, así como de productos financieros con
fines comerciales.
- Errónea evaluación
del perfil inversor de los clientes.
- Incorrecta
valoración de productos financieros.
- Mal suministro de
precios de los productos financieros.
- Apuntes contables
en perjuicio de sus clientes.
- Exceso de
comisiones aplicadas por encima del máximo legal permitido.
- Fallos
tecnológicos en el routing de las operaciones en bolsa.
- Excesivas
posiciones de descubierto en cuentas.
Muchas de estas prácticas
se pueden reclamar ante la Comisión
Nacional del Mercado de Valores o a través del servicio de reclamaciones
del Banco
Central de cada país. A
su vez, otra manera de denunciar las malas prácticas bancarias es a través de
las organizaciones de consumidores (OCU o
ADICAE). Como conclusión, todas
estas acciones constituyen elementos graves en el trato hacia los clientes que
deben ser corregidas.

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